Mucho bicho y pocas nueces

Por Alfonso Asín
http://habladecine.com

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Mientras el teleñeco más peligroso del mundo, el Sr. Trump, defiende el cierre de fronteras de los Estados Unidos frente a la invasión de las hordas extranjeras, Hollywood cada vez se abre más a nuevas cinematografías como medio para colocar sus productos y recaudar más. En los últimos años el mercado asiático y sobre todo el chino ha supuesto un bote salvavidas para algunas películas que, si bien han fracasado en casa, han hecho las Américas, nunca mejor dicho, en el resto del mundo. Sin ir más lejos, el pasado verano Warcraft fracasó en los USA mientras que el 82 % de su recaudación procedía sobre todo del mercado chino. Por eso cada vez más películas sitúan parte de su acción en alguna ciudad asiática como un guiño a los espectadores de aquellos países.

La gran muralla” es directamente una coproducción de 150 millones de dolares entre dos productoras china y estadounidense. Y su dirección se ha encomendado al director que a mediados de los ochenta dio a conocer el cine y la cultura china al resto del mundo: Zhang Yimou. Hace unos meses comentábamos desde estas paginas su ultima película, “Regreso a casa”, un film intimista que entroncaba con el tipo de cine de sus inicios, premiado en festivales y reconocido por el publico cinefilo. Ahora cambia de registro y se pasa al cine con pretensiones de blockbuster. Podríamos haber esperado un titulo similar en calidad a sus films más estéticos y espectaculares como “Hero” ó “La casa de las dagas voladoras”. Lamentablemente, su estilo y talento solo asoma esporadicamente en esta estruendosa historia, una pócima de laboratorio creada para intentar contentar a todos pero falta de personalidad y relevancia.

El punto de partida del film, y para justificar la historia fantástica que vamos a contemplar, son las múltiples leyendas que rodean a la historia de la Gran Muralla. No a su construcción, sino al uso para el que se destinó. Dos occidentales, soldados de fortuna, mercenarios, ladrones, son apresados por un ejercito ubicado en una parte de la muralla. Dicho ejercito intenta retener el ataque de unos seres monstruosos que amenazan con invadir el mundo, más allá de las fronteras chinas.

La historia no da mucho mas de si. La descripción de la pareja protagonista no tiene mucha profundidad, basada en los tópicos del cine de aventuras yanqui: chistosos, picaros, encefalograma plano, valientes pero nobles. Valen tanto para esta película como para cualquier Arma letal. Y la parte autóctona también se apoya en el tópico: los chinos son serios, disciplinados, actúan en modo militar, sin atisbo del mas mínimo humor. La poca definición de los personajes hace que los veamos aparecer y desaparecer sin que nos importe los más mínimo.

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Esta es la parte humana, integrada toda ella en un escenario virtual en el que el ordenador es el rey. Las escenas de acción, basadas en el exceso, revelan la artificialidad del conjunto. Solo en las batalla cuerpo a cuerpo la historia adquiere cierta emoción. El resto es un despliegue visual muy al estilo “circo del sol”, pero que deja cierta sensación de dejavu y que esta a años luz del virtuosismo visual con el que Yimou nos ha fascinado en títulos como “La maldición de la flor dorada”. No quita para que la película tenga hallazgos visuales aislados, como la escena de las guerreras suicidas o el clímax final en la torre. Pero ni siquiera merece la pena recomendar su visionado en un poco trabajado 3D.

Para poder vender el film en el resto del mundo se ha recurrido a dos actores americanos de renombre. Matt Damon pone la misma cara durante toda la película, a pesar de que en un momento se afeita la barba, y asume con desgana un papel con el que empatiza poco el espectador. Apuntaba mas inicialmente el encarnado por Willem Dafoe, al que se ve un poco más entregado a la causa, pero finalmente su prometedor personaje queda en agua de borrajas. El tercero en discordia es Pedro Pascal, más conocido como protagonista de la serie “Narcos”.

Como he dicho el pastel se envuelve con una gran dosis de efectos especiales, un cast lleno de extras con espectacular vestuario, y una banda sonora épica y atronadora, obra de Ramin Djawadi, que no deja de sonar en todo el metraje pero sin una melodía que recuerdes al salir de la sala. Detrás de este guión de escasa entidad se encuentra, sin embargo, nombre tan respetados como el de Tony Gilroy, director de Michael Clayton ó El legado de Bourne y autor de libretos como el de Rogue one, y Edward Zwick, director de films como Diamantes de sangre ó El Ultimo Samurái.

En resumidas cuentas, un divertimento carísimo, tan espectacular como vacío, en el que queda de manifiesto una vez más que no basta con un abultado presupuesto, un despliegue de efectos visuales y un gran equipo artístico para hacer una buena película de aventuras si no se cuida además el guión. Nos alegramos de su éxito en el país de origen y está por ver como responderá en el resto del mundo. Aunque su ubicación en pleno mes de febrero ( películas como El destino de Júpiter de los Hermanos Wachowski se estrenó también fuera de las fechas estivales) es indicativo de lo poco que confían en la respuesta del publico.

Texto: Luis Arrechea.

LO MEJOR: El (muy kitsch) clímax final.

LO PEOR: El escaso poso que deja en la memoria. La desgana de Matt Damon.

Valoración:

Fotografía: 6,5

Banda sonora: 5,5

Interpretación: 5

Dirección: 6

Guión: 4

Satisfacción: 5,5

Nota Final: 5,4

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